sábado, 15 de junio de 2013

Atanía



A Italo Calvino

En la ciudad de Atanía nadie muere. A primera vista uno podría pensar que la ciudad sufre de grandes problemas demográficos, pero esto no es así. Atanía no presenta un marcado crecimiento poblacional pues sus habitantes no son proclives a tener hijos. En realidad, los atanienses no son propensos a ningún tipo de decisiones. Si bien se mira, el concepto mismo de decisión no tiene cabida en una mente inmortal. Como el apremio no tiene lugar, es decir, que todo puede ser dejado para más adelante, las decisiones, sencillamente, nunca son tomadas. Las ramas de los árboles se alargan sin ser interrumpidas en su crecimiento por disposiciones municipales de poda; las universidades presentan el aspecto de arquitecturas baldías ya que nadie se decide a estudiar ninguna carrera; ninguna medida gubernamental ni de otra índole incide en la apacible vida de los habitantes de Atanía. La parsimonia es proverbial entre los atanienses. “Todo a su debido tiempo” podría ser el lema de la ciudad, si no fuera porque sus habitantes desconocen el concepto mismo de tiempo. Y no es que el tiempo no pase. Como en cualquier otro sitio, el sol sale cada mañana y se esconde por las noches, los árboles crecen y no cesan de multiplicar sus ramas, las flores se marchitan, los frutos se pudren y nadie se baña dos veces en un mismo rio. El tiempo existe como en todos lados, pero como los hombres y mujeres coexisten infinitamente con él, su medición carece de sentido. Da lo mismo que alguien llegue a una cita en un momento que en otro. Literalmente, nadie “pierde” tiempo esperando a nadie en Atanía. Y como el tiempo subjetivo es infinito, las posibilidades, hijas bastardas de aquél, también lo son. En una misma vida un ataniense puede ser policía, ladrón, bombero, piromaníaco y cuantas profesiones más desee asumir. Otras curiosidades a tener en cuenta: en Atanía, el arte no existe, sus dioses son mortales y las penas, perpetuas. Cabe advertir a los curiosos que deseen visitar esta ciudad de seres perennes que en Atanía nadie le jura amor eterno a nadie porque la eternidad no es solo una palabra hueca sino verdaderamente una experiencia existencial.

Nicolás Torre Giménez



No hay comentarios:

Publicar un comentario